sábado, 19 de mayo de 2012

de Secretos y Elefantes

Siempre me supo especial la leche de casa de mi yaya. El tazón amarillo con un elefante contorneado la hacía todavía más apetecible (creo que se llamaba Bot, pero no me hagáis mucho caso; era amigo de Suana, mi nuevo compi de fieltro).
Hace poco descubrí el secreto de su extraordinario sabor. Pero no os lo diré. Si fuera así, perdería la emoción, como otras tantas cosas...

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De puntillas y bajo la almohada (: