martes, 30 de noviembre de 2010

Invierno al fuego

Preferiría haberme quedado en ese tren... y bajarme cuando la nieve recubriera la hojarasca otoñal.
Cuando los niños bajaran a prisa al jardín y, empapados, hicieran su primer muñeco de nieve.
Que los calcetines de lana, trenzados, se secaran al fuego.
Y que, el domingo, quedara reservado para cine en casa, con castañas, a la luz de la noche.

Me apunto. ¿Me acompañas?


martes, 23 de noviembre de 2010

Inestabilidad

¿Por qué sabemos sentir en un mismo día, tantas emociones y sentimientos contrarios y comprimidos? De repente, vuelves a sentirte sola... y todo se te viene encima, de nuevo.

Creo que te necesito junto a mí. A diario. Necesito tu equilibrio.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sincerarse

Espero no hacerte daño nunca. Espero que sepas que es lo último que pretendo. Y espero que, si en alguna ocasión no es así, tengamos el valor de hacérnoslo saber. El valor de compartir todo aquello que nos inquiete, y que nos haga sentir tristes, aunque sea por momentos.

Si hay algo en lo que creo profundamente es en la amistad. Y ahí estás tú, y espero que lo estés siempre.
Así que no permitamos que nada nos distancie, y sincerémosnos siempre que sea necesario.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Viajo sentada

Creo que debemos aprovechar el viaje que nos ofrece la música. Aun siendo una de las pocas cosas que repito todos los días, no consigue cansarme. Ni tan siquiera deja de sorprenderme.
Pues te lleva allá donde tu quieras. Pudiendo revivir momentos pasados que siempre permanecerán dentro de uno mismo.
Consigue sacarte una sonrisa cuando menos te lo esperas. Cuando más la necesitas.
Gracias Whistle Stop, gracias por conseguir que llegué hasta ti, The Bee Charmer, con un sencillo "click".

jueves, 11 de noviembre de 2010

Reiniciarse nunca está de más

En los paréntesis de una tormenta puedes encontrar calma, felicidad y sonrisas sin motivo aparente.
Vuelves a sentirte viva. Mejor que nunca. Y gritarás al mundo que quieres cambiar, que de hecho vas a hacerlo.
Dejará entonces de ser sólo un paréntesis. Y podremos al fin, olvidar todo aquello que hacía sentirnos tan furiosos y revolucionarios.
Dejando la tormenta bien atrás, volverás al equilibrio del que nunca deberías haber marchado. Y el camino por el que andabas confusa y triste se perderá, ojalá... para siempre.