martes, 18 de enero de 2011

Una de hierba en calma.

Como bien dijo una chica campera, sabia y risueña, "me pasaría la vida tumbada en la hierba". Contemplando el cielo y sus nubes.
Cuando digas, nos escapamos.
Ahora, solo pediría eso.

miércoles, 12 de enero de 2011

Poquito a poco.

A partir de mañana prohibiremos la entrada a las arañas y a los visigodos... me tienen frito esos visigodos. 

lunes, 3 de enero de 2011

Un año más, un año menos.

Hoy, miras hacia atrás. Un largo e intenso año se te escapa de las manos. Un año que te ha brindado la oportunidad de crecer, de auto-superarte, de ser feliz, de vivir.
Donde cada soplo de aire que te despertaba lunes tras lunes traía algo nuevo, algo diferente. Bajabas rápida y decidida esos peldaños resbaladizos de húmedos troncos y, sentías, aunque algo triste, que ese iba a ser un año especialmente intenso. Un año lleno de emociones y lloros, risas y sonrisas, de bonitos viajes, un año muy pero que muy especial. Con el que aprender. Para recordar.
Caminabas a prisa, pues la puntualidad nunca fue tu fuerte. Y te sentabas junto al radiador, o junto la puerta. Te sentías en casa. Estabas en casa. Incluso había días que olvidabas cambiarte el pantalón y te presentabas en pijama. ¿A quién iba a importarle?
A cada lado de la mesa de tu pupitre tenías a alguien con quien poder reír, agobiarte, hablar o a quien escuchar.
Si tocaba clase con M, tenías sermón asegurado, y además, personalizado; pues siempre había quien te tiraba del pelo desde el pupitre de atrás y te susurraba las buenas nuevas que nos traería el fin de semana, generalmente Pirenaico; acabando con la santa paciencia de M.
Viajaste a Italia: Roma, Florencia y Venecia. Allí reíste como hacía tiempo. Fotografiaste lo fotografiable y lo no. Te reconciliaste con viejos amigos. Viajaste a cientos de kms sobre la Tierra con tus amigas del alma; una gran suerte. Y fuiste feliz, sin condición alguna, feliz y libre!
Llenaste tus día a día de incansable nerviosismo. Pues te jugabas algo importante. Con esfuerzo, lo conseguiste.
El verano, supo responderte tal y como esperabas. Durante unos días, frente a un especial tocador saca-risas. Durante otros quince intensos días, supiste olvidar el mundo que te había rodeado. Formasteis una burbuja. Allí, conociste a gente incansable, veinte personas mágicas e inigualables. Únicas. Un hueco tuyo siempre estará reservado para todos ellos.
El Pirineo de fin de semana estuvo dedicado a ti. Tu tiempo y tus paseos. Desconectaste del ruido y de los quehaceres rutinarios y programados. Siempre te sientan bien.

Cargado de otros muchos momentos despedimos el 2010, y damos la bienvenida al 2011.
Solo pido que sea mejor que estos dos primeros días.

¡Feliz año!